El "Morón City" conquistó la Plaza Próspero Molina: Milo J y una Luna que hizo historia

Cosquin Cordoba 


En el aire se sentía esa mezcla de escepticismo de los puristas y la ansiedad eléctrica de una generación que no suele pisar el empedrado de la Plaza Próspero Molina. No hay ninguna descripción de la foto disponible.

La novena luna del Festival Nacional de Folclore no fue una noche más. 

 "Siempre tenemos algo para contarles"

 

El cierre estaba marcado a fuego: Milo J, el joven de 19 años oriundo de Morón, tenía la responsabilidad de clausurar el festival más importante del género en el país.

 

 

El respeto por el rito

Minutos antes de subir, en la intimidad del backstage, Camilo Joaquín Villarruel (Milo J) no ocultaba la magnitud del momento. “Mi sueño y el de todos mis músicos era cerrar la novena luna de Cosquín”, confesó con una madurez que contrastaba con su corta edad. 

Lejos de la soberbia, el artista se mostró consciente de dónde estaba parado. Al referirse al escenario Atahualpa Yupanqui, fue tajante: “Este escenario no es joda”.

Esa frase marcó el tono de su presentación. Milo no fue a Cosquín a imponerse, sino a integrarse. Aunque aclaró con humildad que no se siente "folclorista", se reconoció como parte de un movimiento cultural que este año abrazó las raíces más que nunca.

 




El show: Un puente generacional

Cuando las luces se encendieron y el rugido de la plaza confirmó que el recambio generacional es una realidad, Milo J desplegó un set que fue un constante diálogo entre lo moderno y lo tradicional. Su voz barítona, capaz de arrastrar la melancolía del barrio, conectó con el público de la misma forma que lo hacían los viejos cantores: a través de la verdad y el sentimiento.

  • El gesto: Se lo vio con un respeto casi reverencial por los referentes que lo precedieron.

  • La música: Arreglos que, por momentos, coqueteaban con la instrumentación orgánica, tendiendo un puente de plata entre el trap, el rap y la identidad nacional.

  • La respuesta: Una plaza colmada que entendió que el folklore, más que un ritmo, es el saber del pueblo; y esa noche, el pueblo también era joven.

Un cierre histórico

Milo J no solo cerró un festival; cerró una grieta. Su paso por la Capital Nacional del Folclore quedará registrado como el momento en que la música urbana le pidió permiso a la tradición para bailar juntos. Con la humildad de quien conoce sus raíces y la valentía de quien sabe que está haciendo historia, el joven de Morón demostró que la música argentina está en buenas manos.

Al final de la noche, el eco de los aplausos dejó algo claro: Milo J respetó a Cosquín, por derecho propio, lo adoptó como uno de los suyos.

 

Los invitados: 

El espaldarazo de los grandes y el aguante de la sangre

 Puede ser una imagen de multitud


  • La conexión con Soledad Pastorutti: La presencia de "La Sole" no fue casualidad. Ella, que en su momento fue la "rebelde" que revolucionó Cosquín con su poncho al viento, vio en Milo a un par. Juntos demostraron que la renovación del género no es una amenaza, sino una evolución necesaria.

  • El bloque urbano (La familia de Morón): Milo también trajo su mundo al Atahualpa Yupanqui. La aparición de figuras como Yami Safdie o la energía de sus colegas del género urbano le dieron a la plaza ese aire de festival internacional, pero con ADN argentino.

La inclusión de instrumentos folklóricos en vivo para acompañar sus temas más conocidos (como "Rara Vez" o sus sesiones con Bizarrap) permitió que los invitados se lucieran en un terreno híbrido, donde el bombo legüero y el beat convivieron sin fricciones.

 

Milo J en Cosquín: El heredero del barrio que pidió permiso a las leyendas


La novena luna de Cosquín 2025 no solo marcó el cierre de un festival, sino un cambio de paradigma. Cuando Milo J pisó el Atahualpa Yupanqui, lo hizo con la humildad de quien entra a una casa ajena pero con la convicción de quien sabe que tiene algo que aportar. "Este escenario no es joda", había advertido en la previa, y su lista de invitados fue la prueba de que no hablaba en vano.

Campedrino y la energía del hoy

 No hay ninguna descripción de la foto disponible.

El primer gran puente de la noche se tendió con Campedrino. El dúo, que representa la cara más fresca y festivalera del folklore actual, acompañó a Milo en una fusión que borró las etiquetas. La Plaza Próspero Molina entendió el mensaje de inmediato: la música joven argentina no está dividida por géneros, sino unida por la misma raíz federal.

El linaje de la chacarera: Cuti y Roberto Carabajal

 Puede ser una imagen de guitarra, acordeón, violín y multitud

Pero el momento de mayor peso simbólico ocurrió cuando el apellido más ilustre del folclore se hizo presente. Cuti y Roberto Carabajal subieron al escenario para apadrinar al chico de Morón. Ver a Milo J, con su estética urbana, compartiendo el micrófono con la estirpe santiagueña fue una imagen poderosa.

Milo no intentó "disfrazarse" de folclorista; cantó con su propia identidad, encontrando en la cadencia de la chacarera un lenguaje común con los Carabajal. Fue un diálogo de ida y vuelta: la tradición legitimando al nuevo artista, y el joven atrayendo miles de miradas nuevas hacia el patio de tierra.

La voz de la Tierra: El "off" de Mercedes Sosa

Si algo terminó de erizar la piel de los presentes, fue la presencia invisible pero omnipresente de Mercedes Sosa. El uso de la voz en off de "La Negra" no fue un recurso azaroso. Al invocar a la máxima figura de nuestra música, Milo J estableció un cordón umbilical con la historia.

Escuchar la voz de Mercedes resonando en los parlantes mientras el joven de 19 años se plantaba frente a la multitud, generó una atmósfera mística. Fue el cierre perfecto para su confesión: “Mi sueño y el de todos mis músicos era cerrar la novena luna”. Con la bendición de la tucumana desde el éter, el sueño dejó de ser suyo para convertirse en un hito colectivo.

 

Un puente hacia el futuro

Milo J se fue de Cosquín habiendo cumplido el rito de pasaje. Entre el respeto por los Carabajal, la potencia de Campedrino y el manto protector de Mercedes, el artista demostró que la música urbana argentina no viene a reemplazar al folclore, sino a honrarlo con nuevas herramientas.

 

Por Cosquín, Córdoba.






 







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