De la tierra del potrero al césped profesional: Fernando Méndez y el viaje de una vida con la redonda

 

Caleta Olivia Santa cruz 

"Siempre tenemos algo para contarles"



Surgido del Torneo Pibes ’94 con la inolvidable Escuela Marcelo Rosales, rompió fronteras en Argentina, Chile, México y Bolivia. Hoy, con el potrero en el alma y la madurez de los 41 años, el enganche caletense repasa su huella, 
su etapa como representante y el abrazo entrañable a su ciudad natal.

Por Pedro José Abán

Para La Llave Periodismo Digital

"Ver a un nene sonreír con la pelota en los pies te devuelve todo. En un momento hay que parar la pelota, mirar alrededor y elegir la paz, la familia y el barrio." — Fernando Méndez.

Hay historias que nacen con el crujido del césped sintético o la tierra volada de las canchas patagónicas, y que con el tiempo terminan resonando en estadios internacionales. Corría el año 1994 cuando un puñado de chicos caletenses encendía la ilusión en el histórico Torneo Pibes vistiendo la camiseta de la Escuela de Fútbol Infantil Marcelo Rosales. De esa camada de pibes que soñaban despiertos a orillas del Golfo San Jorge, emergió la figura de Fernando Méndez, un número 10 de galera y bastón que hizo de la gambeta un pasaporte al mundo.

Hoy, tras colgar los botines y haber recorrido ligas de primer nivel en América Latina y Europa, Fernando volvió a su lugar en el mundo. En una charla mano a mano con La Llave Periodismo Digital, cargada de nostalgia, anécdotas imperdibles y emoción a flor de piel, el "10" repasa una carrera inolvidable y su presente abrazado a la formación infantil.

El mapa de un trotamundos del gol

Pedro Abán:  Fernando, qué alegría volverte a cruzar en una cancha. ¿Cuándo fue exactamente ese momento en que decidiste "colgar los botines" del profesionalismo?

Fernando Méndez: ¡Qué grande, Pedro! Qué lindo hablar con vos. Mirá, el punto final al profesionalismo se lo puse en diciembre de 2017. Ya para enero de 2018 estaba de vuelta en casa, dándome el gusto de despuntar el vicio con los muchachos del Club Camionero afiliado a la liga local  en Caleta.

P.A.: Salir de Marcelo Rosales a pelearla afuera en los 90 no era para cualquiera. ¿Cómo fue trazándose ese mapa de clubes?

F.M.: Fue una aventura impresionante. De "Marcelo Rosales" di el salto a las inferiores de Chacarita Juniors. De ahí arrancó un derrotero por clubes con muchísima historia: Atlético Rafaela, Quilmes, Almagro, Sportivo Ben Hur y Douglas Haig de Pergamino. En el 2008 me salió la oportunidad de cruzar el océano e irme a jugar a Rumania, en una época donde no había redes sociales ni la tecnología de hoy; eras vos, tu bolso y tu fútbol.

Tuve un paso por el Club Mar del Plata de Caleta para acompañar a mi viejo en una operación, jugué en Boca de Río Gallegos y de ahí crucé la cordillera a Chile. Iba por seis meses y me quedé casi cinco años. Defendí las camisetas de Deportes Antofagasta, Cobreloa —donde me di el lujo de jugar la Copa Sudamericana—, San Marcos de Arica, Deportes Concepción y Naval de Talcahuano. En Chile tuve la bendición de salir cuatro veces campeón (una con Antofagasta y tres con San Marcos).

Después sumé rodaje en la CAI de Comodoro, Jorge Newbery, un paso por el fútbol mexicano en el Club Guerrero de Cuautla, San José de Oruro en la altura de Bolivia y un año y medio hermoso en Juventud Antoniana de Salta, antes de retornar al pago.

El reencuentro con la infancia y una tarde que marcó a Caleta Olivia

P.A.: Te tocó viajar de pibe a los grandes nacionales e internacionales en Río Negro o Córdoba. En ese ambiente de competencia, ¿te cruzaste con viejos conocidos de la época dorada de los 90?

F.M.: ¡Buscás en el baúl de los recuerdos y saltan mil historias! Me crucé con Diego Napolitano (hoy DT en las inferiores de Cipolletti) con quien nos medimos en el Torneo "Torito de " Chiclana en Parana Entre Rios  y en el Mundialito de Roca. También con Juan Carlos Calabrese y tantos otros. Lo más lindo era cuando nos poníamos a charlar en algún vestuario años después, pedíamos a la familia que nos mande fotos viejas por encomienda o correo para verificar... ¡y éramos los mismos pibes que jugábamos entre la tierra y el frío!

P.A.: Hubo una jornada que quedó grabada a fuego en la memoria futbolera de la ciudad: aquel 20 de noviembre de 2004 en el Estadio Municipal, en pleno Aniversario de Caleta Olivia.

F.M.: ¡Uf, inolvidable! Año 2004, la CAI contra Atlético Rafaela. Como remodelaban el estadio en Comodoro, trajeron ese partidazo de AFA al Estadio Municipal de Caleta Olivia, en pleno cumpleaños de la ciudad y sobre césped natural. Del otro lado, como capitán de la CAI, estaba Leo Herrera, otro tipo de la casa surgido del Club Mar del Plata.

Ver la tribuna repleta de vecinos, amigos del barrio, mi viejo, mi familia, todos mirando un partido profesional con dos pibes del pueblo como protagonistas... se me pone la piel de gallina. Ganaron ellos 1 a 0 con gol de Leo, pero esa tarde ganamos todos. Todavía guardo la camiseta y los recortes de diario como un tesoro.

Mánager de sueños y la búsqueda de la paz interior

P.A.: Tras el retiro, volcaste toda esa experiencia en abrirle puertas a los chicos patagónicos como representante e intermediario. ¿Cómo fue esa etapa de ponerse el saco y negociar?

F.M.: Nació de la necesidad de que a los pibes de nuestra zona no los pasen por encima. Empecé queriendo dar una mano en Chile y terminé sacando la licencia oficial de la federación. Manejé jugadores de Comodoro, Gallegos, Neuquén, Buenos Aires y hasta colombianos, venezolanos y mexicanos.

Iba a los clubes de Chile y peleaba contrato por contrato para que los pibes de acá tuvieran un sueldo digno y no los regalaran. Pero es un ambiente feroz, Pedro. Llegó un punto en que la cabeza no me paraba nunca, no descansaba, vivía arriba de un avión o pegado al teléfono las 24 horas.

P.A.: Y ahí es donde aparece la lección de vida y la necesidad de "parar la pelota"...

F.M.: Exactamente. Te ponés a pensar en tipos como el 'Burrito' Ortega o Batistuta, tipos que lo dieron todo y que al final del día lo único que buscan es paz, tranquilidad y recuperar el tiempo perdido. Yo me pasé la vida en concentraciones, viajando, perdiéndome cumpleaños de mis viejos, Días del Padre, las Fiestas... y cuando me retiré, seguía en la misma vorágine. Hace unos meses dije: "Basta, hasta acá".



Hoy elijo la felicidad simple. Estoy trabajando en la Escuela Municipal Malvinas Argentinas en el Complejo de Caleta. Ver a los nenes reírse, ver a un pibe disfrutar de jugar sin la presión de ganar o perder, me llena el alma de una forma que ningún contrato profesional pudo llenar. Decidí quedarme acá, con mi señora, con mi familia y volcar todo lo que aprendí en los pibes de mi ciudad.

Nota de redacción / Cierre periodístico

Fernando Méndez representa esa estirpe de futbolistas que jamás olvidaron el olor del potrero ni la marca de sus orígenes. Desde La Llave Periodismo Digital celebramos su carrera, su calidad humana y, sobre todo, su valioso regreso para seguir sembrando valores en el deporte caletense.


Se agradece a Nando Menedez , por el aporte fotográfico  




































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